La última emisión de Gran Hermano generó una ola de controversia tras la exposición pública del conflicto sentimental entre Luana Fernández y su novio, Lucas. El programa mostró un tenso careo en el que ambos discutieron su relación ante millones de televidentes. Luana expresó sentirse "humillada" y consideró abandonar la casa, mientras que Lucas le reprochó: "Eso no es amor". La intervención virtual del conductor Santiago del Moro fue necesaria para intentar calmar la situación.
"GRAN ARMADO": ¿MÁS GUIONADO QUE "GRANDE PA"?
El episodio se agravó cuando Carmiña Masi, periodista paraguaya y participante del reality, realizó comentarios abiertamente discriminatorios hacia otra concursante, Mavinga. Las expresiones generaron indignación tanto dentro como fuera del programa, con llamados a sanciones ejemplares e incluso advertencias de posibles denuncias legales por parte de abogados especializados en discriminación.
Además, comenzaron a surgir cuestionamientos sobre la transparencia del formato tras la aparición de mensajes externos mediante hologramas y la presencia de integrantes de la producción en el confesionario, situaciones que para muchos contradicen la regla central del aislamiento. Panelistas y ex participantes criticaron a la producción por presuntamente intervenir en el desarrollo del juego para potenciar el impacto televisivo y elevar el rating.
Mientras tanto, en redes sociales se multiplicaron los reclamos para que el programa tome medidas concretas. “No podemos permitir racismo en televisión nacional”, señalaron distintos usuarios, mientras el futuro disciplinario de Carmiña permanece bajo la mirada del público y crecen las dudas sobre la transparencia del certamen.