lunes 05 de enero de 2015
afondo

Soy lo que soy

En Soy lo que soy, la cantautora Sandra Mihanovich aborda la vida de músicos, poetas y otros personajes públicos que desde su punto de vista "rompieron los moldes en su carrera y en su vida" para "jugarse por su vocación", como Alejandra Pizarnik, Luis Alberto Spinetta y Manuel Puig.

El libro, editado por Sudamericana, devela aspectos de la vida y carrera de Luca Prodan, Fernando Peña, María Elena Walsh, Leonardo Favio y Charly Garcí­a, entre otros, a partir de entrevistas a personas que convivieron o compartieron jornadas de trabajo o momentos de la vida con ellos.

"Cuando lo ibas a ver, tení­as que prepararte para disfrutar de algo poco convencional. Si tu alma estaba dispuesta te ibas a divertir, si no, volví­as lleno de inquietudes", dice el músico Javier Malosetti sobre Luis Alberto Spinetta, de cuya banda fue miembro estable, y se refiere al creador de "Muchacha ojos de papel" con profunda admiración.

Otros músicos como Leo Sujatovich lo recuerdan como un genio dotado, que prácticamente no tuvo formación musical. "Tení­a la genialidad del intuitivo y, de repente, te decí­a que no sabí­a qué era el acorde que le estabas mostrando y él lo daba vuelta tres veces y yo pensaba: no sabe lo que está tocando y nos está matando con su canción... es un monstruo", evoca.

Músico precoz que a los 15 años compuso "Barro tal vez" y "Plegaria para un niño dormido", no querí­a convertirse en un fenómeno comercial, según coinciden periodistas como Cristina Rafanelli y Alfredo Rosso.

"Nunca hizo concesiones porque consideraba que su arte y su música estaban por encima de cualquier condicionamiento. Eso es muy raro en el mundo contemporáneo", dice Rosso.

El relato de quienes conocieron a Alejandra Pizarnik la describe como una persona que nunca se sintió como parte de este mundo, que se sentí­a incómoda con su cuerpo y que no encajaba con los demás, lo que la llevó a abrazar el universo de la palabra.

"Queda claro que tení­a un complejo respecto de cómo se veí­a. Era como una niña andrógina, que podí­a ser muy atractiva, pero que era diferente, no encajaba en los cánones de mujer glamorosa o sexy a los que estaban acostumbradas las niñas porteñas", dice una de sus grandes amigas, la escritora Ivonne Bordelois.

El perí­odo más fructí­fero, fértil de su vida, se dio cuando viajó a Parí­s, donde conoció a Julio Cortázar, a su esposa Aurora Bernárdez y a Octavio Paz. Allí­ logró que apareciera su obra en las ediciones de la Unesco, publicadas en francés, incluso antes que Borges, dice la autora. No obstante, tras el regreso de Parí­s su pluma fue mutando y nunca la conformarí­a.

Respecto de su decisión de suicidarse, el poeta y amigo de la escritora Antonio Requeni considera que en esa decisión "puede haber influido un gran amor que tuvo con una muchacha poeta y crí­tica, que obtuvo una beca en Estados Unidos y se fue: la ausencia de esa chica a ella la perturbó mucho", afirma.

Manuel Puig es otro de los elegidos por Mihanovich en el libro. Un escritor injustamente olvidado y poco reconocido por su obra quien murió a los 57 años en Cuernavaca, México, adonde habí­a elegido vivir, luego de que en 1956 se fue desde General Villegas a Europa para estudiar cine en Roma, y ya no regresó al paí­s.

En su novela La traición de Rita Hayworth, el escritor "relata las pequeñas miserias de los habitantes de un pueblo a través de los amorí­os de un galán tuberculoso con tres mujeres. El libro fue leí­do con horror por sus antiguos vecinos, que identificaban personajes y situaciones. En las librerí­as de todo el paí­s se vendió como pan caliente", dice la cantante.

"Carlos Puig (su hermano) recuerda que sus vecinos hurgaban el texto, tejí­an conjeturas, querí­an descubrir con quién se correspondí­a cada uno de los personajes. Cuando Leopoldo Torre Nilsson llevó la historia al cine, en 1974, se prohibió su proyección en Villegas. 'Cada vez que uno del pueblo agarraba su autito, todos sabí­an que se iba a alguna ciudad vecina a ver la pelí­cula', sonrí­e Carlos".

Otro de los personajes que Mihanovich aborda como un arquetipo de quienes derribaron estructuras es el músico italiano Luca Prodan, de una corta e intensa vida, que llegó a la Argentina casi de manera fortuita, al recibir la carta de un amigo desde Traslasierra, Córdoba.

De familia acomodada, Prodan fue enviado por su padre a estudiar a un colegio de Escocia, del que huyó y casi muere por su adicción a la heroí­na. Estuvo preso en Italia por vender hachí­s y desertar del servicio militar obligatorio.

"Así­ como se entusiasmó con el punk también cayó en la droga más letal del momento: la heroí­na que entró fuerte en la familia Prodan. Casi termina con su vida y llevó al suicidio a una de sus hermanas. "La muerte de su hermana fue parte de su tortura interna: él le habí­a enseñado lo que era la heroí­na, cuenta Rodrigo Espina", cineasta y autor del documental Luca.

El libro reconstruye además el recorrido que fue haciendo Sumo, su banda musical, así­ como las características de su personalidad que lo llevaron a ser catalogado como un "inconformista".

Fuente: Télam

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