miércoles 26 de julio de 2017
#PlanetaAmérica

Un chico donó médula al padre para que pueda recuperarse de su leucemia

Con apenas 8 años y con una gran cuota de coraje y amor, Alejo decidió ayudarlo y no duda en volver a hacerlo dentro de 15 días

Alejo dibuja sobre la mesa ratona del living de su casa. Acaba de volver del que fue su primer día de retorno a la escuela. Lo recibieron sus docentes y sus compañeros. "Dicen mis amiguitos que ahora soy millonario", cuenta. La asociación entre fama y dinero no resulta extraña entre los chicos. Pero a Alejo, la fama le vino del coraje, de la entrega y de un acto de amor. Con apenas ocho años, este chico de Puerto General San Martín le donó médula ósea a su padre para que éste pueda recuperarse de su leucemia, y no duda en volver a hacerlo dentro de 15 días.


La historia empezó en 2015, cuando Rodolfo Ferrero, hoy de 27 años, contrajo leucemia. Se la detectaron tras una neumonía. Inició un tratamiento y la enfermedad se retrajo. Comenzaron los controles y al año hicieron el estudio de compatibilidad con su hijo mayor, Alejo, entonces de seis años. Por distintos motivos, el resto de la familia no estaba en condiciones de donar, y los dos casos más compatibles que se encontraron de donantes ajenos a la familia no llegaban al porcentaje necesario. El hijo, sí.


Este año el joven papá recayó en su enfermedad y tras un nuevo tratamiento se decidió por el trasplante de médula. Alejo ya tenía ocho años y empezaron los preparativos. El jueves pasado, el niño cumplió con el procedimiento de extracción de células madres hematopoyéticas, que se toman de la sangre y se regeneran rápidamente. Duró tres horas, luego de cinco días de aplicación de dos inyecciones diarias, que forman parte del tratamiento para donar. Alejo toleró todo y el mismo día le dieron de alta. No sabía que, apenas salido del sanatorio del Sagrado Corazón, en Buenos Aires, se volvería "millonario", como le dicen los compañeros.

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Silvana, esposa de Rodolfo y mamá de Alejo, tiene 25 años. La familia se completa con Nahuel, de tres. Pero en la casa de Guillermo Mirk al 800, donde viven, no dejan de pasar Eliana, hermana de Silvana y madrina del chico, su hija Morena y Graciela, de 49, la abuela de los chicos, que tiene además seis hijos más.


En esa casa de fondo, adonde se llega atravesando un pasillo muy ancho que hace a la vez de cochera, Silvana recuerda la historia de la enfermedad. Habla de la búsqueda de donantes, de cómo se conforma la familia y de la actitud de su hijo, que no dudó en ofrecerse a la intervención para salvar a su papá. "El sábado 15 de julio fuimos a Buenos Aires, lo atienden allá por la obra social de Rodolfo", que es empleado de comercio. Alejo estuvo internado, durante cinco días le pusieron inyecciones, dos por días, media dosis casa una. El jueves le hicieron las extracciones", de células, cuenta con orgullo. Y como madre, se siente "emocionada por la repercusión pública que tuvo esto, no lo imaginamos, pero sobre todo porque Alejo no tiene miedo. No mostró miedo nunca", cuenta, y dice: "Ahora, todo lo que buscamos hacer es apoyarlo".

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El papá del chico mide 1,87 metro, es de contextura robusta. La médula que le donó su hijo y que le implantaron el viernes no alcanza. Ahora, el chico debe volver en 15 días para una nueva intervención. Pero no está preocupado.


Con una torta

"En la escuela me recibieron con una torta, y mis amiguitos dicen que ahora soy millonario", le cuenta él a LaCapital mientras hace un alto en sus dibujos. "Es fuerte y valiente porque es hincha de River", dice desde un rincón la abuela, y le vale la desaprobación de sus hijas.


En la mesa del comedor, Nahuel mira por un celular, auriculares puestos, los videos donde aparece su hermano. Y Morena se queda custodiando los dibujos de su primo mientras ella misma garabatea un perro salchicha. Tienen la misma edad.

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La Capital.
La Capital.


Cuenta Alejo que se comunica con el padre, que le manda audios. "Le digo que lo extraño, que va a estar bien y que lo amo", dice el nene con decisión pero con cierta timidez. "Y él me dice que él sabe que se va a curar, que me quiere y que me ama", comenta.


Y además de ver el reconocimiento que le hacen en su entorno, recuerda que además en el sanatorio lo trataron "muy bien". Pero sobre todo, se volvió ídolo público. "Lo llamaron de todas partes", se asombra la tía. Atendió a radios, se mostró ante cámaras de televisión y, por supuesto, charló y se dejó sacar todas las fotos que le pidió este diario.


La Capital

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