jueves 11 de mayo de 2017
PLANETA AMERICA

Tardaron tres semanas en escalarlo, pero se casaron en la cima del Everest

Una pareja le cumplió el sueño a su fotógrafo, quien ya había intentado dos veces hacer esa producción en la montaña más alta del mundo.

Una pareja celebró de una manera inusual, costosa y dificultosa sus deseos de unirse en matrimonio, al contraer matrimonio ... en la cima del monte Everest. Claro que lo peculiar de esta historia no es que la idea surgió de la nueva pareja, sino del fotógrafo que realizó la producción, quien cumplió su sueño.
Para satisfacer al fotógrafo Charleton Churchill, Ashley Schmeider y James Sisson debieron escalar la montaña más alta del mundo por espacio de tres semanas.
"No sabía si sería capaz de encontrar a otras personas dispuestas a casarse en el Everest".
Churchill reconoce que fotografiar una boda en la montaña más alta del planeta era un sueño que perseguía desde 2011. Deseó hacerlo desde que constató que nunca se había celebrado una boda en el Everest con los novios vistiendo los trajes tradicionales.
En 2015 había conseguido convencer a otra pareja para que certificase su unión en esa montaña en Nepal. Sin embargo, el devastador terremoto que golpeó al pequeño país en 2015 echó por tierra sus planes.
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"No sabía si sería capaz de encontrar a otras personas dispuestas a casarse en el Everest", explica el fotógrafo. La oportunidad apareció mucho antes de lo que esperaba. Cierto día recibió un mensaje de una mujer que le seguía en Instagram. "Pretendía una boda aventurera y no había elegido destino, así que quería conocer a mi opinión", reveló Churchill.
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La sugerencia del Everest fue muy bien recibida por los futuros esposos. Durante más de un año planearon el viaje hasta el último detalle, tratando de mentalizarse de lo arduo que resultaría la experiencia; pero ningún trabajo previo podía prepararles para las extremas condiciones que encontrarían en la montaña. La nieve comenzó a caer con intensidad pocos días después del inicio de su ascenso hacia el campamento base. Churchill no podía pasar más que pequeños ratos tomando fotos: sus manos se congelaban apenas unos instantes después de quitarse los guantes.
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La noche antes de la boda el proyecto estuvo a punto de derrumbarse. James, el novio, tenía serias dificultades para respirar y llegó a necesitar oxígeno para reponerse a las alturas. A pesar de las dudas, tomó la decisión de seguir adelante; y horas después pudo cumplir su sueño junto a su amada Ashley. Fue una ceremonia fugaz, en la que se enfrentaron a una temperatura de varios grados bajo cero ataviados únicamente con sus trajes. Pero como demuestran las maravillosas imágenes obtenidas por Churchill, compartidas en su blog, todos los esfuerzos valieron la pena.

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