viernes 02 de enero de 2015
afondo

Los números de la verdad

"Escoliosis", la columna torcida de Ariel Robert

Nadie puede aseverar cuantas representaciones lleva, ni el origen, ni afirmar cuándo fue la primera vez que se escribió. Tampoco los detalles. Ni el responsable. Discusiones abundan. Seguramente Don Juan existió. Eso lo convirtió en el personaje universal más famoso de la literatura y del teatro español, superando inclusive al mismísimo de la Mancha. Seguramente porque la locura que presentaba Don Juan es más próxima a las ambiciones de cualquier mortal, y la rigurosidad moral no es tan apetecible.

Se desprende, también como mito inasible de aquél relato, aquella frase tan difundida "los muertos que vos matáis gozan de buena salud", Sin embargo, esa sentencia no aparece, a pesar de que se la ha buscado con denuedo.

Atribuida a demasiadas obras y autores. Algunos afirman que aparece en un diálogo de "El Mentiroso", de Pierre Cornielle y que luego pasó al castellano en la puesta de "La verdad sospechosa", de Ruiz Alarcón. Según otros, "Los muertos que Vos matáis gozan de buena salud" pertenece a Tirso de Molina y se la hace pronunciar a su personaje principal en “El Burlador de Sevilla y convidad de piedra"; pero la más reciente versión le adjudica este verso a José Zorrilla y Moral en el clásico teatral Don Juan Tenorio. Así lo hizo saber don Ortega y Gasset en su paso por estos pagos, pero tampoco aparece, -como se dijo en suplementos literarios- en el texto de "La venganza de Don Mendo", documento más asequible por su proximidad temporal.

Huelga cualquier explicación a la sarcástica afirmación: “los muertos que vos matáis gozan de buena salud”. Y poco importa la autoría, siempre funciona en ese género teatral.

En cambio sí merecemos una mejor explicación, sin sarcasmo (aquí el humor no tiene cabida) sobre la pésima información que proveen la burocracia judicial, por un lado, y los responsables del ministerio de Seguridad, por otro.

Vergonzoso y doloroso. Mientras desde los ámbitos judiciales, que por supuesto hoy y hasta que finalice el eterno enero están de feria, dicen que no pueden concluir la publicación de datos oficiales sobre asesinatos en la provincia, hay que apelar a realizar cuentas para nada científicas. Sumar lo que ellos arrojan y lo que los medios hemos consignado. Por el otro lado, el órgano que debe resguardar la integridad de los ciudadanos, además de estar desbordado en esa y otras tareas, emite informaciones que distan y bastante de las provistas por la justicia. Concretamente, para el organismo judicial la cantidad de homicidios difiere de las que provee seguridad, dependiente del Poder Ejecutivo, en 7 por ciento. Una falacia. Me refiero a establecer "porcentajes". Hablamos de personas. Once en este caso. Once personas que murieron de manera violenta y la Justicia o no se enteró o confunde a la opinión pública. Desde el ministerio de Seguridad, a pesar de la insistencia periodística y la persistencia en solicitar los datos, los dan una vez que se publicaron los aportados desde el Poder Judicial.

A esto suelen llamarlo "institucionalidad".

Poder Judicial que desinforma. Poder Ejecutivo que lo hace mal y tarde, por lo que inexorablemente lleva a pensar que no es información fidedigna; y el Poder Legislativo que debate de manera umbilical sobre quién se queda y quién se va, y postergan o destratan leyes vitales.

Mezquindad intelectual y pobreza vocacional son suficientes para que se diluyan las esperanzas.

Ni objetos, ni suposiciones. Personas. Personas que no murieron por acción de la naturaleza. Personas que a través de sus afectos y descendientes merecen un trato que no se les otorga. Porque sobran en las estadísticas judiciales y poco importan para el resto, no pierden su esencia de personas.

Discutimos el valor del dólar blue, dudamos de cualquier número del Indec, y sospechamos de la inflación que dicen las consultoras privadas. Pero no reclamamos por los homicidios ocultos o al menos ignorados.

Sería prudente que tomemos este flamante año, para discutir, participar y reclamar. Como con aquella frase sarcástica con la que empezamos, poco importa quién es el autor, ni si se utiliza en diversas puestas. Con que funcione y sea la adecuada, suficiente. La información no es un aspecto secundario y tampoco es un arbitrio exclusivo de la genialidad política.

Si se esmeran pueden llegar a ser como Paenza en matemáticas, y podrán proporcionarle a la población los números ciertos, pero además de cuentas deberán buscar porque detrás del ábaco se les ha extraviado el pudor.
 

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