martes 20 de diciembre de 2016
EN AMERICA

"Después de atropellar a mi sobrino y mi cuñada, la policía se hizo humo"

Julieta, la tía del nene que perdió una pierna, afirma que incurrieron en "abandono de persona" y que ninguna autoridad se les acercó.

Cuando caía la tarde del viernes, la familia de Juan Cruz Ferreyra (14) tomaba aire en la puerta de su casa de Ameghino 513 haciendo tiempo para ir a visitar a un hermanito recién nacido del chico. Junto a él estaban dos de sus tías, Yanina Ferreyra (39) y Julieta Petracco (23), su abuela Liliana (68) y Adriana, una vecina. El azar quiso que Julieta entrara a la vivienda seguida de su nene de cuatro años para ir a cambiar a su otro hijito, de uno, cuando un estruendo y gritos desgarradores le hicieron darse vuelta: fue entonces que vio pasar, alocada, una chata policial por la vereda donde había estado hasta un segundo antes. Después el horror: sobre el piso, inerte, su cuñada Yanina, con los brazos parcialmente amputados, gran pérdida de sangre y un tremendo golpe en la cabeza, y su sobrino igualmente herido, ya sin la pierna izquierda y pidiendo a gritos que lo llevaran a un médico. En medio del caos y el terror, afirma, el móvil policial había quedado vacío y los cinco o seis efectivos que iban a bordo ya se habían "hecho humo".


"Yo no lo dudo: hicieron abandono de persona, atropellaron a mi familia y ni siquiera nos ayudaron a sacar a mi cuñada y al nene de abajo de la chata", cuenta Julieta, como puede, minutos después de recibir el parte médico de Juan Cruz, internado en la terapia intensiva del Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca). (ver aparte).


Rodeada de amigos de la familia que intentan ayudar a transitar esa tragedia, Julieta le dice a LaCapital que "hay muchos testigos" de lo ocurrido. Afirma, por ejemplo, que todos coinciden en que la camioneta Renault Master de la policía que venía persiguiendo a una moto y terminó subida a la vereda circulaba a "toda velocidad", como a "110 kilómetros por hora".


Lo que familiares y amigos pudieron reconstruir es que "la chata estaba haciendo un operativo de tránsito en Grandoli y Gutiérrez", y que ante una moto que evadió el control ("no a los ladrones de un banco", ironiza Julieta) salió en una "persecución loca" a lo largo de Grandoli, Uriburu, Ayacucho y Ameghino, donde terminó protagonizando la tragedia.


"En 1º de Mayo parece que estuvieron cerca de volcar de tan fuerte que iban y de hecho allí chocaron a un auto blanco" (un Chevrolet Sonic, que mostraba un impacto importante en su frente). Todo indica que en ese instante el conductor del furgón perdió el control y se fue contra la familia sentada en la vereda.


"Nos estábamos riendo un rato, Juan Cruz incluso contaba lo que había vivido en el partido de Central contra River, porque él había viajado a verlo", cuenta su tía. Nada les hacía pensar entonces que en cuestión de segundos protagonizarían una historia de terror.


Julieta sabe que se salvó de casualidad, por haberse levantado del tronco donde conversaban en la vereda apenas dos segundos antes del impacto.


No puede creer que Yanina, "la mejor persona del mundo, la mujer que se ponía todo al hombro, la que les daba de comer a los chicos de la villa en el comedor (evangélico del barrio La Tablada), ya no vaya a estar con nosotros".


Tampoco sabe quién y cómo le dirá a Juan Cruz que perdió la pierna y a su tía. "El es una criatura única, sano por donde lo mirés, que hasta hace unos días cursaba en doble turno la Escuela Naval" (Buenos Aires 2768), un nene que "quería ser embarcado o profesor de educación física" y que ahora "pelea por su vida", acompañado de Mariana, su mamá.


Con voz quebrada, Julieta afirma que les "destruyeron la familia" y que "ninguna autoridad se les acercó para ofrecer nada: ni ayuda económica, ni psicológica, ni siquiera un café o una reposera", a pesar incluso de que su suegra (madre de Yanina y abuela de Juan Cruz) aún se repone de un ACV y padece diabetes, con frecuentes descompensaciones "porque está destruida".


Tanto Julieta como los amigos de la familia que la acompañan aseguran que "al instante después" de que los policías "atropellaran a Yanina y Juan Cruz "no quedaba nada ni nadie en la chata" que transportaba a entre cinco y seis efectivos.


"En lo que yo tardé en salir de la casa ya se habían esfumado", sostiene la chica. Y cuenta que hay vecinos que pueden dar fe de que hubo "encubrimiento" de pruebas.


Para entonces, Yanina "ya estaba en paro, casi sin signos vitales", y una vez en el hospital (adonde fue trasladada por una ambulancia "que tardó como una hora") hizo "un nuevo paro y falleció".


Al nene, que aún se hallaba consciente y pedía ayuda a los gritos", lo trasladó un móvil policial, al que le "suplicaron", porque ninguno de los "que llegaron en quince o veinte móviles después, ni siquiera el jefe del operativo, movía un dedo". Lo "único que les preocupaba era correr a la prensa", se indigna Julieta.


La reacción del barrio, como era de esperar, tuvo conatos violentos. Y ahora la familia, que quedó "totalmente indefensa", teme "represalias" de parte de la policía.


Por su parte, el uniformado que conducía la furgoneta, cuya identidad no trascendió, también resultó herido y debió ser trasladado a un centro asistencial, donde ayer permanecía en estado "reservado".

por Silvina Dezorzi / La Capital

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