miércoles 07 de enero de 2015
afondo

El cerebro, la nueva moda del corazón

"Escoliosis", la columna torcida de Ariel Robert

Todo antecedente en la historia de la humanidad, señala que el corazón era el órgano al que se le rendía pleitesía. Más allá de los intensos cuidados externos que le proferían, y de ser el lugar que dolía ante la decepción amorosa y el punto a penetrar para darle muerte al enemigo, sin distinción de clase o raza, se le atribuía a este músculo inquieto la capacidad de razonar. Y obviamente era el responsable absoluto de cualquier sentimiento. Merecedor de elogios tanto mentales como morales, el corazón es lo que le da origen a la voz que designa sensatez. Cordura proviene de ahí. No de cuerda, ni de tanza ni de soga, en esto también el género hace una distinción que discrimina de manera contundente. Cordis en latín, kardio en griego, corazón.

Quienes conocemos de anatomía apenas para poder indicarle al médico qué nos duele no podemos arriegar una respuesta técnica, pero nos cuesta saber qué tienen en la cabeza aquellos que siguen otorgándole al corazón una relevancia superlativa.

En los ámbitos académicos, como suele ocurrir con toda moda, el corazón quedó relegado a su función primitiva. Bombear y oxigenar la sangre. Esto no ocurrió culpa de la literatura racionalista. La causa de la devaluación cardíaca obedece a que desde hace varias décadas, este contenedor de coraje, sapiencia, gallardía y amor incondicional, fue perdiendo sus misterios. Pudo ser reemplazado por un artefacto mecánico, y luego, por el de otro. Algo que podría confundir las cuestiones amatorias. Más recientemente la metáfora “te entrego mi corazón”, pasó a ser apenas una campaña del Incucai.

Pero siempre debemos adorar algo de nosotros mismos. Inexorable necesidad atropocéntrica. Parece inevitable. El otrora admirado puño latente le cedió lugar al nuevo órgano, el que es venerado desde los últimos veinte años del siglo pasado. El dios químico propio: el cerebro.

Así como las artes plásticas renacentistas cultivaron adoración al corazón, hoy son las ciencias las que ponderan lo que está adentro del cráneo de una forma casi religiosa. La deidad reside debajo del pelo, excepto en el caso de los calvos.

Todas las ciencias ocupan tiempo y espacio, debatiendo entre ellas, quién encuentra un nuevo y mejor atributo del cerebro. No sólo desde la química, la fisiología, la medicina en general, sino que ahora se ocupan las ciencias sociales, y hasta una disciplina –menor según algunos- pero la de mayor incidencia en las transacciones, también : de ahí el neuromárketing.

Hasta hace 4 décadas, la distinción era clara: la pasión provenía del centro del pecho, la razón de la cabeza. Ya no. Ahora todo es por y desde las neuronas.

Paradojas de la modernidad. Uno de los máximos hallazgos en relación a la función de las neuronas, las conexiones, las segregaciones glandulares y la sinapsis, fue fisiólogo polaco Napoleón Cybulski. Por estos días, en que la pasión se apropia de los intrépidos corredores de desiertos inventados, falleció un joven piloto de motos, también polaco. Michal Hernik.

No podían aún dilucidar si falleció por deshidratación y un paro cardíaco, o por otras causas. Más allá de lo que se determine, viendo las regiones geográficas que atraviesan, el tiempo de los tramos y las condiciones climáticas que soportan, las exigencias físicas que se requieren para participar del Dakar, dudo que sea el cerebro el que decide, lo digo con respeto y con el corazón. No encuetro aún la cordura de quienes se someten al sufrimiento de este espectáculo, bonito desafío a la sensatez humana.

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