jueves 08 de enero de 2015
mendoza

Cientos de personas se congregaron a ver una golpiza a una mujer y nadie se animó a intervenir para protegerla

Ocurrió frente a la Terminal cuando un ex preso propinó varias trompadas a su mujer en la cabeza. A los gritos le pedía dinero y todo terminó poco antes de que un policí,a algo excedido de peso, lo detuviera. Pero luego se le escapó.

Un hombre propinó una feroz golpiza a su mujer frente a la Terminal de Micros de Mendoza ante la mirada atónita y actitud pasiva de cientos de testigos que no intervinieron para frenar el ataque.

El agresor había dejado el penal el día anterior y acusaba a su mujer de una supuesta infidelidad. Le dio trompadas y le espetó todo tipo de insultos.

Todo se desarrolló durante la tarde del miércoles en presencia de muchos taxistas –allí es su parada– y varias personas.

Los gritos amenazantes de un hombre hacia la que sería su pareja crearon preocupación, ya que a ellos se sumaron trompadas en todo el cuerpo –principalmente en la cara– mientras ella no se cansaba de pedirle que la dejara ir.

Lejos de hacerlo, él le recriminaba abiertamente por un hecho de infidelidad: “Mientras estuve en el penal no fuiste capaz de llevarme ni siquiera un sánguche”. El ataque físico no cesaba y le exigía en medio de insultos, que le diera todo el dinero que llevaba encima.

Pero el vergonzoso episodio sólo movió a la gente que pasaba a mirar pero ninguno de los testigos directos arriesgó a intervenir, por lo que la golpiza siguió y finalmente se detuvo antes de que un policía, con un ausente estado atlético, lo frenara, tirara al piso y le pusiera su bota sobre la espalda. Pero luego se le escabulló ante la mirada de su fiel perro guardián.

Es que en un abrir y cerrar de ojos, el hombre zafó y empezó a correr a gran velocidad rumbo a calle Alberdi, al norte, ante la mirada atónita de la gente

Lo lamentable del caso es que el efectivo en lugar de soltar a su perro para que le diera caza al golpeador, prefirió correrlo él mismo sujetando a su perro para cansarse y detenerse a los pocos metros.

Del golpeador nada se sabe aún.

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