lunes 05 de enero de 2015
afondo

Cambia, todo cambia

Por Nacho Rodríguez Jardel
@UnSanrafaelino

El 10 de diciembre de 2015 los argentinos tendremos un nuevo Presidente. Todo indica que el afortunado será varón, la mujer más popular de la política argentina no puede ser candidata y no hay -al menos hasta hoy- ninguna otra aspirante fémina que pueda considerarse con chances de ocupar el sillón de Rivadavia.

Cambiar es uno de los fenómenos más interesantes que tiene la Democracia. La dinámica de la alternancia en el poder es entendida desde la antigua Grecia como la gran virtud del sistema en el cual el pueblo se dirige a sí mismo, aunque siempre para ello deba escoger a alguien que lleve adelante el manejo de la cosa pública, en latín ‘res publica’: origen de la palabra República.

Muchas veces los elencos agotan, y es ahí cuando los ciudadanos dejan de atender tanto las buenas cosas que hicieron los gobiernos porque el hastío de ver siempre a los mismos en el poder -rotando como en el vóley- deja de ser simpático. Es el gran desafío que le espera al Frente para la Victoria a nivel nacional quien tiene el mando de la cosa pública desde hace 12 años y se ha movido siempre recostado sobre las mismas figuras, con pequeños matices.

En la provincia de Mendoza, prohibida la reelección, también va a cambiar de manos el poder. El 10 de diciembre los mendocinos veremos a un nuevo Gobernador jurar ante la constitución provincial y eso del cansancio de los mismos desde hace mucho también podría golpear al poder político que manda hace ocho años en la provincia más importante de Cuyo. El tedio ciudadano siempre favorece a los opositores que esperan pacientes su turno, es parte del juego de la Democracia y la forma en la cual emergen los nuevos liderazgos.

El psicólogo social rumano Serge Moscovici, quien desarrolló su obra en Francia, plantea una división en dos grandes grupos de caudillos modernos: los caudillos “mosaicos” y los caudillos “totémicos”. Los primeros son los fundadores de las repúblicas, los profetas, los creadores de movimientos sociales, políticos y religiosos (Mahoma, Marx, Gandhi). Los segundos son los demagogos, los reyes o los chamanes de sociedades primitivas. Un caudillo mosaico no soporta que quieran imitarlo ni que lo endiosen, en cambio un caudillo totémico hace todo lo posible por fomentar el culto por su propia personalidad, ama ser ídolo.

Nuestro país está bastante acostumbrado al “totemismo” sería deseable también poder pegar ese salto cualitativo e ir por el cambio en ese aspecto de nuestras elecciones futuras. Madurar y animarnos a elegir esta vez estadistas que prefieran ser mosaicos a ser tótems.

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